ULSAN 2005


Los océanos están en crisis. Esto afecta no sólo a los cetáceos (especies y poblaciones tales como la ballena franca en el Atlántico Norte, la Vaquita o la ballena gris en el Pacífico Occidental se enfrentan a una posible extinción en este siglo) sino también a las poblaciones de peces, (actualmente, más del 70% de las poblaciones mundiales de peces están o cerca de la sobreexplotación, sobreexplotadas o en recuperación. Algunas poblaciones de peces que se suponían inagotables, como el bacalao de Terranova, casi han desaparecido y no muestran signos de recuperación. Por todo el mundo, los ecosistemas marinos se están degradando y en algunos casos han sufrido grandes cambios que afectan a su funcionamiento.

Cada vez más, los científicos están recomendando el establecimiento de reservas marinas, áreas donde no están permitidas las capturas, con el objetivo de reparar el daño hecho durante décadas por la sobrepesca. Greenpeace apoya esta propuesta.

Durante los últimos años, viene empleándose un nuevo argumento para justifiar la caza de ballenas. Sus defensores apoyan sin base científica que las ballenas están agotando las poblaciones de pescado, pero no son capaces de producir un solo informe que apoye sus teorías. La verdad es que, a través de los océanos del mundo, la crisis pesquera es uno de los resultados de la explotación irracional de los océanos.

Los océanos que ahora habitan los cetáceos no son los mismos que existían en 1946 cuando se creó la CBI. Actualmente las principales amenazas para los cetáceos son el vertido de productos tóxicos, el calentamiento global del planeta, la disminución de la capa de ozono, la contaminación acústica, la sobrepesca y las colisiones con embarcaciones. Por ejemplo, un gran número de cetáceos, entre 60.000 y 300.000, es capturado anualmente como capturas accesorias, a menudo a niveles que amenazan su supervivencia. Estas amenazas no podían ser previstas cuando fue creado este organismo internacional para la regulación de la caza de ballenas.

La CBI debe tener en cuenta este conjunto de amenazas y transformarse en una organización capaz de ofrecer soluciones. La creación del Comité de Conservación el año pasado abre un esperanzador camino en este sentido. Greenpeace demandaa todos los gobiernos, tanto si están a favor o en contra de la caza de ballenas, que apoyen al trabajo de este Comité de Conservación, y que trabajen en el desarrollo de planes de recuperación para las especies en peligro. Sería una tragedia y una desgracia para la Comisión Ballenera Internacional que se permitiera que estas especies se extinguieran, sin ningún esfuerzo significativo para prevenirlo.

La CBI tiene gran experiencia en la creación de santuarios balleneros. Cuando la Comisión se creó, heredó, de su predecesor (el Consejo Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas), un santuario que ocupaba la cuarta parte del Océano Antártico y que albergaba poblaciones de ballenas sin explotar. Este santuario fue conservado hasta 1955. En ese año, se abrió a la caza de ballenas debido a la presión de la industria ballenera. En tan sólo dos años se produjeron en él el 40% de las capturas de ballenas en todo el Océano Antártico; en los siguientes tres años las capturas de ballenas fueron disminuyendo.

Este año se cumple el décimo aniversario de la creación del Santuario Antártico. Hoy en día, la creación de esta gran superficie protegida para ballenas parece incluso una decisión más sabia y más previsora aún de lo lo fue en su momento.

El Comité Científico de la CBI no ha podido obtener datos fiables de la población de rorcuales aliblancos en el hemisferio sur desde el año 2000 y cree que la población podría estar en declive. Las propias observaciones de Greenpeace indican que los rorcuales aliblancos no son tan abundantes como se afirmaba previamente. Las ballenas o rorcuales azules, los mayores mamíferos del Planeta, no muestran todavía signos de recuperación. La cantidad de ballenas en el océano Antártico es actualmente menos de un 10% de la existente cuando la caza de ballenas comenzó en esta región hace un siglo.

Haremos bien en recordar que el siglo XX ha sido un desastre para la gestión de las poblaciones de ballenas llevada a cabo bajo los auspicios de la CBI.. Sólo la moratoria ha supuesto un respiro dentro de esta serie de fracasos. Nada hace suponer que el siglo XXI sea menos catastrófico que el pasado. En 2001 tuvimos noticias de nuevo de las irregularidades a gran escala cometidas por empresas balleneras que continuaron sus capturas hasta que la moratoria puso fin a sus actividades en 1987. Dichas prácticas balleneras han demostrado que las empresas están preparadas para anular el mandato de la CBI. Nuevamente, se presentan propuestas en esta reunión de Sorrento para reanudar la captura comercial de ballenas y eliminar definitivamente el Santuario Antártico.

Desde Greenpeace demandamos a la CBI que rechace los intentos para reanudar la caza de ballenas y que emplee su considerable experiencia para evaluar las amenazas medioambientales que afectan a las ballenas desarrollar planes de recuperación para aquellas poblaciones de ballenas y pequeños cetáceos que se encuentran en peligro.

Greenpeace hace una llamada a la CBI para mantener sus santuarios actuales, crear nuevas zonas protegidas y dirigir sus esfuerzos al desarrollo de planes para la recuperación de las poblaciones de ballenas amenazadas. Los balleneros que operaban bajo las directrices de la CBI han hecho un terrible daño a las poblaciones de ballenas en el siglo XX y ese daño es evidente aun en nuestros días. Tenemos la oportunidad de evitar repetir los mismos errores y empezar a reparar el daño que hemos causado. Las siguientes generaciones no nos juzgarán benévolamente si elegimos el camino equivocado.