Los
océanos están en crisis. Esto afecta no sólo
a los cetáceos (especies y poblaciones tales como la
ballena franca en el Atlántico Norte, la Vaquita o
la ballena gris en el Pacífico Occidental se enfrentan
a una posible extinción en este siglo) sino también
a las poblaciones de peces, (actualmente, más del 70%
de las poblaciones mundiales de peces están o cerca
de la sobreexplotación, sobreexplotadas o en recuperación.
Algunas poblaciones de peces que se suponían inagotables,
como el bacalao de Terranova, casi han desaparecido y no muestran
signos de recuperación. Por todo el mundo, los ecosistemas
marinos se están degradando y en algunos casos han
sufrido grandes cambios que afectan a su funcionamiento.
Cada
vez más, los científicos están recomendando
el establecimiento de reservas marinas, áreas donde
no están permitidas las capturas, con el objetivo de
reparar el daño hecho durante décadas por la
sobrepesca. Greenpeace apoya esta propuesta.
Durante
los últimos años, viene empleándose un
nuevo argumento para justifiar la caza de ballenas. Sus defensores
apoyan sin base científica que las ballenas están
agotando las poblaciones de pescado, pero no son capaces de
producir un solo informe que apoye sus teorías. La
verdad es que, a través de los océanos del mundo,
la crisis pesquera es uno de los resultados de la explotación
irracional de los océanos.
Los
océanos que ahora habitan los cetáceos no son
los mismos que existían en 1946 cuando se creó
la CBI. Actualmente las principales amenazas para los cetáceos
son el vertido de productos tóxicos, el calentamiento
global del planeta, la disminución de la capa de ozono,
la contaminación acústica, la sobrepesca y las
colisiones con embarcaciones. Por ejemplo, un gran número
de cetáceos, entre 60.000 y 300.000, es capturado anualmente
como capturas accesorias, a menudo a niveles que amenazan
su supervivencia. Estas amenazas no podían ser previstas
cuando fue creado este organismo internacional para la regulación
de la caza de ballenas.
La
CBI debe tener en cuenta este conjunto de amenazas y transformarse
en una organización capaz de ofrecer soluciones. La
creación del Comité de Conservación el
año pasado abre un esperanzador camino en este sentido.
Greenpeace demandaa todos los gobiernos, tanto si están
a favor o en contra de la caza de ballenas, que apoyen al
trabajo de este Comité de Conservación, y que
trabajen en el desarrollo de planes de recuperación
para las especies en peligro. Sería una tragedia y
una desgracia para la Comisión Ballenera Internacional
que se permitiera que estas especies se extinguieran, sin
ningún esfuerzo significativo para prevenirlo.
La
CBI tiene gran experiencia en la creación de santuarios
balleneros. Cuando la Comisión se creó, heredó,
de su predecesor (el Consejo Internacional para la Regulación
de la Caza de Ballenas), un santuario que ocupaba la cuarta
parte del Océano Antártico y que albergaba poblaciones
de ballenas sin explotar. Este santuario fue conservado hasta
1955. En ese año, se abrió a la caza de ballenas
debido a la presión de la industria ballenera. En tan
sólo dos años se produjeron en él el
40% de las capturas de ballenas en todo el Océano Antártico;
en los siguientes tres años las capturas de ballenas
fueron disminuyendo.
Este
año se cumple el décimo aniversario de la creación
del Santuario Antártico. Hoy en día, la creación
de esta gran superficie protegida para ballenas parece incluso
una decisión más sabia y más previsora
aún de lo lo fue en su momento.
El
Comité Científico de la CBI no ha podido obtener
datos fiables de la población de rorcuales aliblancos
en el hemisferio sur desde el año 2000 y cree que la
población podría estar en declive. Las propias
observaciones de Greenpeace indican que los rorcuales aliblancos
no son tan abundantes como se afirmaba previamente. Las ballenas
o rorcuales azules, los mayores mamíferos del Planeta,
no muestran todavía signos de recuperación.
La cantidad de ballenas en el océano Antártico
es actualmente menos de un 10% de la existente cuando la caza
de ballenas comenzó en esta región hace un siglo.
Haremos
bien en recordar que el siglo XX ha sido un desastre para
la gestión de las poblaciones de ballenas llevada a
cabo bajo los auspicios de la CBI.. Sólo la moratoria
ha supuesto un respiro dentro de esta serie de fracasos. Nada
hace suponer que el siglo XXI sea menos catastrófico
que el pasado. En 2001 tuvimos noticias de nuevo de las irregularidades
a gran escala cometidas por empresas balleneras que continuaron
sus capturas hasta que la moratoria puso fin a sus actividades
en 1987. Dichas prácticas balleneras han demostrado
que las empresas están preparadas para anular el mandato
de la CBI. Nuevamente, se presentan propuestas en esta reunión
de Sorrento para reanudar la captura comercial de ballenas
y eliminar definitivamente el Santuario Antártico.
Desde
Greenpeace demandamos a la CBI que rechace los intentos para
reanudar la caza de ballenas y que emplee su considerable
experiencia para evaluar las amenazas medioambientales que
afectan a las ballenas desarrollar planes de recuperación
para aquellas poblaciones de ballenas y pequeños cetáceos
que se encuentran en peligro.
Greenpeace
hace una llamada a la CBI para mantener sus santuarios actuales,
crear nuevas zonas protegidas y dirigir sus esfuerzos al desarrollo
de planes para la recuperación de las poblaciones de
ballenas amenazadas. Los balleneros que operaban bajo las
directrices de la CBI han hecho un terrible daño a
las poblaciones de ballenas en el siglo XX y ese daño
es evidente aun en nuestros días. Tenemos la oportunidad
de evitar repetir los mismos errores y empezar a reparar el
daño que hemos causado. Las siguientes generaciones
no nos juzgarán benévolamente si elegimos el
camino equivocado.
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