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LOS PROGRAMAS DE CAZA CIENTÍFICA DE JAPÓN E ISLANDIA. LOS GOBIERNOS DE JAPÓN E ISLANDIA ENGAÑAN AL MUNDO EN NOMBRE DE LA CIENCIA
Después de que la moratoria sobre la caza de ballenas entrara en vigor en 1986, Japón fue presionado por la comunidad internacional para que abandonara la caza comercial de ballenas. En 1987 el Gobierno japonés encontró la forma de dar continuidad a sus actividades, aprovechando un artículo de la Convención Internacional para la Regulación de la Captura de ballenas que permite la captura de ejemplares con fines científicos.
Desde 1986 han sido cazadas más de 24.000 ballenas, de las que más de 7.000 han sido cazadas en nombre de la ciencia. Esto no ha impedido que hayan sido vendidas en el mercado japonés.
El Comité Científico de la Comisión Ballenera Internacional concluyó unánimemente en 1997 que dicho programa no sirve a ningún propósito que pueda justificar la muerte de más de 7.000 ballenas desde que éste comenzó.
La caza que el Gobierno japonés pretende presentar como científica , no es sino una caza comercial encubierta. La caza en la Antártida genera aproximadamente 2.000 toneladas de carne de ballena cada año, que en la venta al por mayor suponen unos 33 millones de euros, cifra que se multiplica por tres al ser vendida a los comercios minoristas.
Aproximadamente 440 rorcuales aliblancos son capturados cada año en la Antártida por la flota ballenera japonesa como parte de su programa de caza “científica”. Esto sucede en aguas del Santuario Ballenero Antártico.
Sin embargo el Gobierno japonés ha anunciado este año que pretende aumentar su programa de caza científica en aguas antárticas. Japón podría incluso doblar esta cifra, pasando a cazar 880 ejemplares y algunas grandes ballenas.
La flota japonesa desarrolla un segundo programa de caza “científica” en el Pacífico Norte, donde captura 220 rorcuales aliblancos, 100 rorcuales boreales, 50 rorcuales tropicales y 10 cachalotes. A esto hay que sumar unos 120 rorcuales aliblancos que podría cazar su flota ballenera costera este año.
Si estos números se confirman, Japón podría capturar más de 1.200 ballenas este año.
ISLANDIA
En otoño de 2003, Islandia se sumó a Japón al volver a cazar ballenas, nuevamente con motivos supuestamente científicos. La intención inicial de Islandia al lanzar su programa de caza científica era capturar 500 ballenas, incluyendo rorcuales aliblancos, comunes y boreales. Sin embargo, esta cuota fue rebajada a 38 y 36 rorcuales aliblancos, respectivamente en 2003 y 2004.
Por el momento no se ha hecho pública una cuota para 2005, por lo que Greenpeace trata de poner la mayor presión posible sobre Islandia para que abandone este programa.
Islandia es un buen ejemplo de que existen alternativas económicas a la caza comercial de ballenas. El turismo se ha convertido en una de las principales fuentes de ingresos del país en los últimos años y se estima que el turismo de avistamiento de cetáceos atrae a unos 82.000 turistas cada año, generando más de 18 millones de dólares anuales a la industria islandesa. Esto es, obviamente, mucho más de lo que Islandia podría obtener de la caza comercial de ballenas.
NORUEGA Y LA CAZA DE BALLENAS
Noruega es el único país que permite la caza comercial de ballenas, al no encontrarse este país sujeto a la moratoria sobre la caza de ballenas decretada por la Comisión Ballenera Internacional, ya que las reglas de esta organización permiten a sus miembros rechazar aquellas decisiones con las que no están de acuerdo.
El país escandinavo ha establecido una cuota en 2005 de 797 ballenas, que inluye 121 que no fueron capturados en 2004 al acabar la temporada más temprano de lo habitual debido a las escasas ventas de carne de ballena.
Esta cuota, comparada con la anterior de 670 en 2004, es la más elevada desde que Noruega reanudara la caza de ballenas en 1994.
La caza comercial de ballenas ha creado desde entonces 100 puestos de trabajo en Noruega. Si comparamos esta cifra con los 7.700 puestos de trabajo perdidos en este país en el sector de la pesca a consecuencia del agotamiento de los recursos pesqueros podemos darnos cuenta de cuáles son las verdaderas necesidades de las comunidades costeras en términos de gestión sostenible de los recursos marinos.
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