
Los camiones de bomberos no volvieron nunca a su estación,
ni tampoco los bomberos que volvieron a sus casas.
Fueron los primeros en llegar a la escena del desastre y pensaron
que se trataba de un fuego ordinario.
Como gobierno totalitario, la Unión Soviética envió a un gran
número de soldados jóvenes para ayudar en la limpieza del accidente
de Chernóbil, pero no roporcionó a muchos de ellos el
equipo de protección adecuado ni explicación alguna sobre los
peligros a los que se enfrentaban. No sabían contra qué estaban
luchando. Se les conoció como “los liquidadores", y fueron
reclutados, muchos forzosamente, para prestar ayuda en la
limpieza o la liquidación de las
consecuencias del accidente.
Durante el primer año, más de
650.000 liquidadores ayudaron en
la limpieza del desastre de
Chernóbil. En este grupo se incluyen
los que construyeron el elemento
de contención sobre el
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reactor número 4 destruido, denominado sarcófago. Primero se
intentaron usar robots, pero se desactivaban debido a la alta
radiación o se quedaban atrapados entre los escombros.
Después se enviaron miles de soldados. El trabajo en el tejado
fue el más corto de todos: tan sólo dos minutos. A muchos soldados
se les ofreció dos posibilidades para cumplir con su obligación:
irse bajo una lluvia infernal de balas y bombas en
Afganistán o ir a limpiar a Chernóbil. Los que eligieron la segunda
opción murieron en dos minutos bajo una lluvia tranquila,
silenciosa e invisible de rayos gamma en el tejado de la Unidad
Nº 3 de Chernobil. Según algunas estimaciones, entre 8.000 y
10.000 liquidadores murieron entonces como consecuencia de
esa corriente radiactiva que surgía de la planta
nuclear de Chernóbil.
Hasta el momento sólo ha escapado una
cantidad muy pequeña de la radiación contenida
en el sarcófago. Más del 95% está aún dentro. Gracias al heroico sacrificio de esa
gente se salvaron muchísimas personas y
lugares, y no sólo aquí, probablemente también
en toda la Europa del Este.
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