Los cementerios radiactivos son restos de nuestra civilización y forman el desierto de las tierras atómicas baldías, donde la radiación se mide aún en roentgens. Junto a la chatarra se apilan decenas de camiones, helicópteros y furgonetas; tecnología radiactiva hasta donde alcanza la vista. La mayoría de los vehículos, camiones del ejército, iban llenos de tropas esos días. ¿Cuánta gente murió a consecuencia de radiación? Nadie lo sabe, ni siquiera de forma aproximada. Las cifras oficiales se mantienen aún en unas 30 personas, mientras que fuentes oficiosas las sitúan entre 300.000 y más de 400.000. La cantidad final no se conocerá en nuestra vida, ni en la de nuestros hijos. Es más sencillo calcular las pérdidas materiales. Fue una catástrofe económica devastadora para la región, de la cual puede que no se recupere nunca.


Los “liquidadores” fueron reclutados, muchos forzosamente,
para “limpiar” la central de Chernóbil. Los que fueron enviados
al tejado de la unidad 3 de la central murieron en dos minutos.
Entre 8.000 y 10.000 murieron en esos días por la corriente radiactiva.




Los camiones de bomberos no volvieron nunca a su estación, ni tampoco los bomberos que volvieron a sus casas. Fueron los primeros en llegar a la escena del desastre y pensaron que se trataba de un fuego ordinario.

Como gobierno totalitario, la Unión Soviética envió a un gran número de soldados jóvenes para ayudar en la limpieza del accidente de Chernóbil, pero no roporcionó a muchos de ellos el equipo de protección adecuado ni explicación alguna sobre los peligros a los que se enfrentaban. No sabían contra qué estaban luchando. Se les conoció como “los liquidadores", y fueron
reclutados, muchos forzosamente, para prestar ayuda en la limpieza o la liquidación de las consecuencias del accidente.

Durante el primer año, más de 650.000 liquidadores ayudaron en la limpieza del desastre de Chernóbil. En este grupo se incluyen los que construyeron el elemento
de contención sobre el

reactor número 4 destruido, denominado sarcófago. Primero se intentaron usar robots, pero se desactivaban debido a la alta radiación o se quedaban atrapados entre los escombros. Después se enviaron miles de soldados. El trabajo en el tejado fue el más corto de todos: tan sólo dos minutos. A muchos soldados
se les ofreció dos posibilidades para cumplir con su obligación: irse bajo una lluvia infernal de balas y bombas en Afganistán o ir a limpiar a Chernóbil. Los que eligieron la segunda opción murieron en dos minutos bajo una lluvia tranquila, silenciosa e invisible de rayos gamma en el tejado de la Unidad Nº 3 de Chernobil. Según algunas estimaciones, entre 8.000 y
10.000 liquidadores murieron entonces como consecuencia de esa corriente radiactiva que surgía de la planta nuclear de Chernóbil.

Hasta el momento sólo ha escapado una cantidad muy pequeña de la radiación contenida en el sarcófago. Más del 95% está aún dentro. Gracias al heroico sacrificio de esa gente se salvaron muchísimas personas y lugares, y no sólo aquí, probablemente también
en toda la Europa del Este.


Este infierno se convirtió en una especie de paraíso para los animales salvajes, aunque no se sabe aún cómo ha quedado
alterado su sistema genético. Se han detectado mutaciones grotescas, pero la ciencia oficial niega estos hechos. Las poblaciones de lobos y jabalíes salvajes crecen rápidamente, ocupando casas y cobertizos abandonados. Curiosamente no son agresivos.