Pripyat es conocida como Ghost Town, la ciudad fantasma. Es la población más cercana a la central nuclear. Después de la catástrofe algunas agencias de turismo intentaron organizar viajes a la ciudad. El primer grupo de turistas que llegó se encontró con un lugar inmerso en un silencio escalofriante. Habían pagado 1.200 hryvnas por una excursión de dos horas de duración y, después de 15 minutos, sólo querían salir corriendo y volver al mundo exterior. El silencio de la zona es ensordecedor. A primera vista, la ciudad fantasma parece normal. Hay una parada de taxis, una tienda de alimentación, la colada de algún vecino cuelga del balcón y las ventanas están abiertas. Pero de pronto veo un eslogan en un edificio que dice: "El Partido de Lénin nos guiará hasta el triunfo del comunismo", entonces me doy cuenta de que esas ventanas se abrieron al aire de la primavera de abril de 1986 y nunca se cerraron.

Hay numerosos lugares estructuralmente inseguros, o con bolsas de radiación intensa. Hay sitios donde uno no se atreve a ir, como el “bosque de madera roja” o el cementerio.






El parque es la zona más radiactiva de la ciudad fantasma. Cada paso que se avanza en él hace que el contador geiger mida más radiactivad.




Las familias de los que yacen enterrados allí no pueden visitarlo porque, además de los cuerpos, una gran parte del grafito radiactivo del núcleo del reactor está enterrado allí. Es uno de los lugares más tóxicos de la Tierra.

Ghost Town es una Pompeya moderna. En su radiación ha quedado preservada la era soviética. En ella el tiempo se ha detenido. Tal vez sea porque los relojes no miden el tiempo, miden niveles de radiación. No hay servicio de teléfono y los móviles tampoco funcionan. Es menos peligroso permanecer al aire libre en esta ciudad fantasma que dentro de las casas, donde se concentra la radiación. Dar un paseo sin un dispositivo de detección de radiactividad especial es como caminar por un campo de minas con botas de esquí. El parque es la zona más radiactiva de la ciudad ya que se encuentra frente a la planta nuclear. Se dice que la gente corría para salvar sus vidas mientras buscaban a sus hijos en medio del humo radiactivo. El 27 de Abril, el día de la evacuación, los niveles medios de radiación en la ciudad eran de ¡alrededor de 1 roentgen! Frente a mí están los restos de unas atracciones de feria. Cada paso que doy hacia los coches de choque hace subir 100 microroentgens la lectura de mi contador geiger. En ruso, una noria es una rueda del diablo, y la que veo al fondo se parece mucho. En el carrusel se leen 103 icroroentgens por hora. Un alto puente en la calle ofrecía una vista excepcional de la grieta del recinto de seguridad nuclear abierta por la explosión. Al día siguiente al accidente, muchos curiosos se acercaron aquí para echar un vistazo y se vieron envueltos en una nube mortal que emanaba directamente del núcleo brillante. Paseando por la que fue una de las principales avenidas de la ciudad me encuentro con una tienda de motos. No me puedo resistir. Nada más entrar, me encuentro con un anuncio de una Chezet, 26hp, 343cc. Precio = 1050 rublos. ¡Una Chezet! Fue la máquina soñada por todos los jóvenes motociclistas de la Unión Soviética.
Una imagen me viene de repente a la memoria: soy una estudiante y estoy en medio de un grupo de chicos en la calle. A todos se nos cae la baba frente al escaparate de la tienda de motos soñando lo que podríamos hacer con un motor de 26 cv. ¿Cómo demonios íbamos a poder comprar la moto en toda nuestra vida? El sueldo mensual medio era de sólo unos 180 rublos. Cuando comenzó a sonar la sirena de la ciudad un domingo por la mañana se produjo un pánico en masa. Con la policía evacuando a todo el mundo, los bancos e incluso las joyerías pasaron relativamente desapercibidos, pero esta tienda fue saqueada en una hora. La policía comenzó a disparar a los saqueadores en mayo, cuando empezaron a aparecer aparatos de televisión radiactivos en las casas de empeños de Kiev.

Más adelante me encuentro con una guardería. Las fotos hablan por sí solas y cuentan la historia de la ciudad fantasma como no pueden hacerlo las palabras. Hay cientos de pequeñas máscaras de gas, un diario de un profesor y una última nota avisando de la cancelación de la excursión del sábado debido a algunos imprevistos.

Llego a los pies de lo que fue el edificio más alto de la ciudad. El día del desastre, mucha gente subió al tejado para ver la nube brillante que emergía por encima de la planta nuclear. Todas las puertas están abiertas y a través de ellas se percibe un eco distante de lo que fue la vida aquí. Los niños tuvieron que dejar sus juguetes favoritos. La gente tuvo que abandonar todo, desde las fotos de sus abuelos hasta sus coches. Increíble, las personas poseían hogares, amigos, familia, motos, garajes, casas de campo, dinero... Tenían sus vidas. Cada uno poseía su propio lugar. En cuestión de horas, todo su mundo se vino abajo hecho pedazos.


Los evacuados pasaron horas de viaje en vehículos del ejército, después fueron sometidos a una ducha para eliminar la adiación, entrando así en una nueva vida, desnudos, sin hogar, sin dinero, sin pasado y con un futuro muy incierto. En el portal, el ascensor permanece abierto. Un calendario muestra el 26 de abril, sábado, como un día especial. Los buzones de correos se quedaron congelados también en aquel abril del 86. Hubo más de uno que nunca recibió sus cartas.

Un par de periódicos y la edición de abril de la revista "Caza y pesca" asoman por uno de ellos. Tal vez su dueño estuviera fuera de la ciudad. Puede que hubiera salido de pesca. Lo seguro es que nunca más volvió. Me pregunto cómo se sentiría entonces. Hay una pared al fondo, descascarillada por el tiempo. Aún puede leerse algo escrito en ella, una pintada de dos enamorados: Vovik+Tanya=amor. Disparo mi cámara y no puedo evitar pensar si Vovik y Tanya sobrevivieron. Y si lo consiguieron, dónde estarán ahora y qué será de sus vidas. Quizá vean un día esta foto y recuerden días más felices.