| A los pocos días de haberle pedido a Elena Filatova, la autora de este reportaje, las fotos en alta resolución de su libro Ghost Town (Ciudad fantasma), recibimos una peculiar carta con una invitación formal, en letras doradas, a su boda y un CD. Extrañados, abrimos el CD y comprobamos que contenía las fotos de su libro. Las instantáneas recogen su viaje en moto entre Ucrania y Bielorrusia, por las zonas envenenadas por la catástrofe de Chernóbil. La invitación era sólo una excusa para salvar la férrea censura de información que todavía hoy, 20 años después, sigue sufriendo el país donde el 26 de abril de 1986 estalló el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil. |
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Me llamo Elena. He creado una página web con mis fotos y no tengo nada que vender. Lo
que sí tengo es mi moto y la libertad de correr con ella hasta donde me lleven la curiosidad y
la velocidad.
Me gusta viajar, y uno de mis destinos favoritos es el norte de Kiev, en dirección a la zona
de Chernóbil denominada "Zona Muerta". Está a 130 kilómetros de mi casa. ¿Por qué es mi
zona favorita? Porque allí puedo realizar largos viajes por carreteras vacías. Quedan pocos
habitantes y la naturaleza es magnífica. Hay bosques y lagos de gran belleza, y zonas cuyas
carreteras no han cambiado en 20 años. El tiempo no devasta las carreteras, puede que sigan
inalteradas hasta que puedan ser de nuevo abiertas al tráfico... dentro de
muchos siglos.
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Antes de comenzar nuestro viaje debemos conocer algo sobre radiactividad. Es sencillo. Para medir los niveles de radiación empleamos un contador Geiger. Si lo expones en Kiev, medirá unos 12-16 microroentgens por hora. En una ciudad típica de Rusia o de Estados Unidos, se alcanzan entre 10-12 microroentgens por hora. En el centro de muchas ciudades europeas hay 20 microroentgens por hora.
Un millón de microroentgens es igual a un roentgen. Una dosis de 500 roentgens durante un periodo de 5 horas es mortal para el ser humano. Curiosamente, se necesita cerca del doble de esa dosis para matar a un pollo y más de 100 veces para matar a una cucaracha. Este nivel de radiación no se encuentra ahora en Chernóbil, pero en los primeros días tras la
explosión, algunos lugares alrededor del reactor emitieron entre 3.000 y 30.000 roentgens por hora. Los bomberos enviados a la zona para la extinción del incendio fueron calcinados por la radiación gamma. Los restos del reactor se recubrieron por un enorme sarcófago de acero y hormigón, por lo que ahora no es
tan peligroso viajar a la zona, siempre que no te desvíes de la carretera y no vayas a los sitios “erróneos”.
La radiación penetró en la tierra y ahora se detecta en frutas y setas. El asfalto, sin embargo, no la retiene por lo que es posible conducir por la zona. Nunca tuve problemas con los encargados de los llamados dosímetros, que se encuentran en los puntos de control. Son expertos que, si detectan radiación en tu vehículo, lo someten a una ducha química. Y no soy capaz de contar las veces que algunos "expertos" inventaron cualquier excusa para darme una ducha, que tuvieron que ver más con biología física que con física biológica.
En el mapa las zonas rojas
representan áreas que permanecen
cerradas debido a una alta radiactividad,
las moradas son zonas
permanentemente controladas y las
marrones están controladas periódicamente. |
extinguirlo. Se tardaron 9 días en apagarlo y se emplearon helicópteros
que arrojaron 5.000 toneladas de arena, boro, dolomita,
arcilla y plomo. La radiación fue tan intensa que muchos de
esos heroicos pilotos murieron. Fue el fuego provocado por la
combustión del grafito el que liberó la mayor parte de la radiación
a la atmósfera, pudiéndose medir peligrosos niveles de radiación atmosférica hasta a miles de kilómetros de distancia.
Los graves errores de diseño fueron determinantes en el
accidente. Las causas suelen describirse como una fatal combinación
de errores humanos y de fallos tecnológicos. En línea
con la larga tradición de la justicia soviética, varios trabajadores
de ese turno de trabajo fatídico fueron encarcelados, independientemente
de su grado de responsabilidad. Además, 25 trabajadores
de este turno murieron.
La radiación permanecerá en la zona de Chernóbil durante
decenas de miles de años. Los expertos predicen que, para
entonces, los elementos más peligrosos habrán desaparecido,
o estarán suficientemente diluidos en el aire, la tierra y el agua
del resto del mundo. Si nuestro gobierno puede contar con el
dinero y el interés político suficientes para financiar la investigación
científica, tal vez se descubra alguna manera de neutralizar
antes la contaminación. En caso contrario, nuestros descendientes
tendrán que esperar a que disminuya la radiación
hasta unos niveles tolerables. Según las estimaciones científicas
más optimistas, eso será dentro de 300 años pero algunos científicos afirman que puede tardarse hasta 900 años.
En ucraniano, Chernóbil es el nombre de una hierba llamada
lombriz de la madera (ajenjo). Esta palabra mete el miedo en el
cuerpo a los habitantes de aquí, quizá porque para la gente religiosa,
en la Biblia se menciona el ajenjo en el Libro de las
Revelaciones como una planta que presagia el fin del mundo....
Si comento con alguien que me dirijo a la "Zona Muerta" la
mejor respuesta que suelo obtener es: "¡Estás loca!". Mi padre
solía decir que la gente tiene miedo de algo devastador que no puede ver, no puede tocar y no puede oler. Mi padre es físico
nuclear y me ha enseñado muchas cosas.
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En la tarde del viernes 25 de abril de 1986, la plantilla del reactor número 4 del complejo nuclear de Chernóbil se preparó para realizar un experimento para el día siguiente. El objetivo era averiguar el tiempo que estarían las turbinas girando y produciendo energía si se producía una caída del suministro eléctrico. Se trataba de un test que entrañaba riesgos, pero ya había sido realizado antes. Como parte de la preparación desactivaron
algunos sistemas de control críticos, incluyendo los mecanismos de seguridad para la parada automática.
Inmediatamente después de la 1:00 de la madrugada del 26 de abril se produjo una caída del caudal de agua de refrigeración y la potencia de la central comenzó a subir. A la 1:23, un operario intentó detener el reactor para dejarlo en modo de baja potencia, pero el efecto dominó, consecuencia de errores previos y de fallos de diseño, provocó un aumento muy brusco de la potencia. Este aumento provocó una tremenda explosión de vapor que destrozó la losa de 1.000 toneladas que cubría el edificio de contención del reactor. Hubo una
fusión del núcleo del reactor y luego una segunda explosión que arrancó fragmentos del ardiente y altamente radiactivo núcleo de combustible nuclear. La entrada de aire facilitó la combustión de varias toneladas de bloques aislantes de grafito. Cuando el grafito comienza a quemarse es casi imposible.

Mis viajes a Chernóbil no son un paseo. A veces viajo sola, otras con un pasajero, pero nunca en compañía de otro vehículo porque no quiero que nadie levante polvo delante de mí. En 1986 yo era estudiante y a las pocas horas del accidente,
mi padre nos metió en un tren y nos envió a casa de la abuela, que vivía a 800 Kilómetros de aquí. Él no estaba seguro de si nos mandaba lo suficientemente lejos para mantenernos fuera del alcance del peligro.
El Gobierno comunista guardó silencio sobre el accidente. En Kiev forzaron a la gente a participar en un estúpido Desfile del Día del Trabajo, y fue entonces cuando la gente empezó a oír hablar del accidente en emisoras de radio de otros países y a los familiares de los que habían muerto. El pánico real comenzó a los siete o diez días del accidente. Aquellos que estuvieron expuestos a los elevados niveles de radiación nuclear durante los diez primeros días, cuando aún era secreto de estado, comenzaron a morir o a tener graves problemas de salud.
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Comienzo mi viaje en moto. En la carretera no encuentro
muchos coches. Este sitio tiene muy mala fama y la gente no
viene mucho. Cuanto más lejos vamos, más barata es la tierra y hay menos gente. Al pasar el kilómetro 86, encontramos un huevo gigante, que marca el punto donde termina la civilización tal como la conocemos, y comienza la ruta de Chernóbil. Alguien trajo este huevo de Alemania. Representa la vida rompiendo el duro cascarón de lo desconocido. No estoy segura de si este simbolismo es alentador o no. En cualquier caso, hace pensar a la gente. Para nosotros es nuestra última oportunidad de aprovisionarnos de comida y bebida aptas para el consumo y de gasolina no contaminada. Nuestro viaje a partir de ahora es una imagen cada vez más estremecedora de ciudades desiertas, pueblos vacíos y granjas muertas.
La radiación cayó de manera irregular, como en un tablero de ajedrez, dejando unas zonas vivas y otras muertas. Es difícil decir dónde comienza la “tierra de ensueño”. Para mí empieza tras un puente que lleva a un pueblo muerto situado a unos 50 Km al oeste del reactor. Las carreteras que llevan a lugares donde no vive nadie están bloqueadas para coches, pero no para motos.
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No queda nada salvo ruinas de lo que fue un fértil pueblo de 4.500 habitantes. Está a 50 Km al sur del punto cero: el reactor. En mi viaje sólo me encuentro con una persona, un anciano, que vive en la zona de Chernóbil. Es una de las 3.500 personas que no quisieron abandonar la zona o volvieron a su pueblo tras el accidente. Les admiro, porque a su manera cada uno de ellos es un filósofo. Cuando les preguntas si tienen miedo, dicen que prefieren morir en su propia casa por la radiación que en un lugar desconocido y llenos de nostalgia. Se alimentan con productos de sus propios huertos, beben la leche de sus vacas y afirman que están sanos, pero este anciano es uno de los 400 únicos supervivientes hasta el momento. Es muy probable que
se sume pronto a sus 3.100 vecinos que descansan en paz en la tierra de sus queridos hogares. Parece que la gente más valiente fue la primera en morir aquí. Quizá esto sea así en todas partes.
Para entrar en la zona de Chernóbil hay que atravesar un
punto de control. He revisado el nivel del depósito y el kit de reparación de neumáticos. No quiero quedar aislada en medio de estedesierto nuclear. Hay que llevar el depósito lleno, porque todas las estaciones de servicio están abandonadas. Además para pasar a la Zona Muerta se necesita permiso especial. Cada vez que entro en la Zona tengo la sensación de entrar en un mundo irreal. El silencio de los pueblos, carreteras y bosques parece comunicar cosas que me esfuerzo por entender, que me atraen y me repelen al mismo tiempo. Es increíblemente extraño; es como entrar en el cuadro de los relojes blandos de Salvador Dalí.
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