PRESTIGE:
UN AÑO DÉSPUES
A las 15:15 del 13 de noviembre de 2002, el petrolero monocasco
Prestige, con bandera de Bahamas y 26 años de antigüedad,
cargado con 77.000 toneladas de fuel oil pesado residual,
lanzaba un SOS a 28 millas (50 kilómetros) de Finisterre,
en Galicia. A las cinco de la tarde, los primeros litros
de crudo empezaban a contaminar el Océano Atlántico.
Un año después, los restos del vertido siguen
llegando con un goteo incesante a la costa Atlántica
norte. Estudios realizados por científicos revelan
una especial preocupación por la situación
actual. La masiva mortandad de aves, entre 250.000 y 300.000
según ha estimado la Sociedad Española de
Ornitología (SEO/BirdLife), indica que nos hallamos
ante la mayor catástrofe de este tipo sufrida nunca
en Europa y la segunda del mundo tras la provocada en 1989
por el Exxon Valdez en Alaska.
Las repercusiones socioeconómicas
y ambientales de la marea negra se dejarán sentir
durante al menos una década en los 2.000 kilómetros
de costa que se han visto afectados. La totalidad de la
Cornisa Cantábrica y el Atlántico gallego
han visto su litoral gravemente dañado por la llegada
de innumerables oleadas de crudo. A pesar de esta grave
situación, el Gobierno español no ha presentado
todavía un plan integral de recuperación de
la costa afectada que sirva para acelerar su rehabilitación
ambiental, económica y social.
Greenpeace considera que
es urgente actuar para que no vuelva a repetirse ninguna
catástrofe como la del Prestige en nuestras costas.
Para ello es esencial que se pongan en marcha soluciones
encaminadas a prevenir nuevas catástrofes. De igual
manera, Greenpeace considera urgente la recuperación
completa de los ecosistemas afectados.
Para ello debe desarrollarse
un sistema de monitorización ambiental de los ecosistemas
afectados. Las medidas presentadas hasta el momento por
el Gobierno son parciales y fragmentarias, y en muchos casos
se olvidan completamente del medio natural afectado. Es
el caso del llamado "Plan Galicia", un conjunto
de costosas infraestructuras - puertos, carreteras y trenes
- que nada tiene que ver con la recuperación que
necesita la costa gallega y cantábrica.
Forzar a la industria naviera
a operar con las mayores garantías de seguridad,
el control del tráfico marítimo, el reforzamiento
de las medidas de seguridad y el control de la contaminación
procedente de tierra son fundamentales para prevenir nuevas
mareas negras en la franja litoral.
Junto a estas medidas, la
recuperación del espacio afectado por la contaminación
no debe demorarse ni un minuto. Los conocimientos científicos
y técnicos deben emplearse para paliar los efectos
del vertido y acelerar la recuperación de los ecosistemas
costeros dañados, lo que sin duda repercutirá
en la mejora de las economías ligadas al medio marino.
Existe un consenso científico
sobre el beneficioso papel que desempeña la protección
de las áreas más valiosas desde el punto de
vista biológico. Dicha protección las convierte
en auténticas "arcas de Noé", dispuestas
a acelerar la rehabilitación del medio natural dañado,
así como de todos sus habitantes. Greenpeace demanda
la creación de una red de áreas marinas protegidas
a lo largo de la costa afectada por la catástrofe
del Prestige como una de las soluciones encaminadas a permitir
la recuperación de los ecosistemas dañados
por el vertido.