El mantenerse de observador en un conflicto entre el poderoso y el desposeído, no es permanecer neutral sino apoyar al poderoso.

Paulo Freire, educador
(1921-1997)

Noticias en el Mundo

RUMSFELD IGNORA LAS ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA
EN SU BUSQUEDA DE UN OLEODUCTO

Investigadores del Instituto para estudios Políticos han destapado nuevas evidencias de que el petróleo ha sido desde hace tiempo la principal razón de preocupación en las relaciones EEUU-Irak, a raíz de documentos publicados recientemente por fuentes gubernamentales y corporativas.

Figuras clave asociadas a la administración Bush, en particular el secretario de defensa Donald Rumsfeld, presionaron a Saddam Hussein a mediados de los ochenta para aprobar el proyecto de oleoducto "Aqaba" desde Irak a Jordania. El documento "Una visión cruda: cómo los intereses petrolíferos oscurecen la preocupación del gobierno norteamericano por el uso de armas químicas por parte de Saddam Hussein" del Instituto para Estudios Políticos, revela que las presiones diplomáticas de las administraciones Rumsfeld y Reagan se suceden durante, y a pesar, del uso de armas químicas por Hussein. En estas circunstancias, miembros de estas administraciones trabajaron durante dos años para asegurar el plan del oleoducto por valor de dos billones de dólares para la corporación Bechtel.
La administración Bush/Cheney considera ahora a Bechtel como primera empresa contratista para la reconstrucción de la infraestructura Iraquí.

El oleoducto de Bechtel podría haber conducido un millon de barriles de crudo iraquí al día, a través de Jordania, hacia el puerto de Aqaba en el Mar Rojo. "Los hombres que cortejaron a Saddam mientras gaseaba a iraníes, están ahora ondeando contra él banderas de guerra, presumiblemente porque posee esas mismas armas de destrucción masiva" afirmó Jim Vallette, principal autor del informe. "Ahora se niega que el petróleo tenga algo que ver en el conflicto. Sin embargo durante la administración Reagan y en los años que han transcurrido hasta el presente conflicto, estos hombres dieron forma e implementaron una estrategia que tiene todo que ver con asegurar las exportaciones de crudo Iraquí. Toda esta documentación sugiere que los oficiales de la Administración Reagan sortearon la legalidad para convencer a Saddam Hussein de que permitiera el oleoducto desde Irak hasta Jordania para beneficio de EEUU"

"Una visión cruda" revela como la Casa Blanca, a través del Departamento de Estado y del Consejo Nacional de Seguridad, presionó al Banco Norteamericano de Exportación-Importación (Ex-Im) y a la Corporación de Inversión Privada Exterior (OPIC), para la concesión de créditos con el fin de realizar el oleoducto.

Los oficiales de Reagan conocían las numerosas violaciones de los Derechos Humanos cometidas por Saddam Hussein mientras que pedían ayuda a los contribuyentes para la construcción del oleoducto.
"En sus propias palabras, ahora vemos que un dictador puede ser amigo de la Administración siempre que acepte un trato jugoso*, y un enemigo mortal cuando se niega" concluyó Vallette

*jugoso sustituye a "oily" porque es un juego de palabras imposible de
traducir. "Oily" significa en inglés a la vez, aceitoso, o con petróleo y
pelota,pero pelota como adulador.

"En la Casa Blanca, donde la ciencia es una reunión de espiritistas organizada por Exxon Mobil, los troncos de madera podrían flotar desde el polo sur hasta el río Potomac (Washington) y vararse en el césped de la rosaleda, y el presidente Bush todavía no se creería lo del cambio climático. "

Boston Globe 7 de Junio de 2002.

TEXTO LEÍDO POR GRAN WYOMING EN EL CONCIERTO DEL DÍA 6

Bienvenidos a esta concentración ciudadana, pacífica, si la autoridad competente no lo impide. Bienvenidos a este encuentro contra la masacre para denunciar la gran mentira. Esta concentración contra lo que llaman la intervención por la libertad. Hacen bien en no llamarlo guerra porque esto no es una guerra. Cómo se puede llamar guerra cuando la primera potencia militar y económica del planeta invade un país que ha sufrido un bloqueo durante años que le ha llevado al colapso económico y social, con carencia de medicinas y alimentos que han provocado un millón de muertos. Efectivamente no estamos ante una guerra, estamos ante la apoteosis del crimen organizado.

Esta ha sido la historia de la gran mentira. Mentira cuando apelaban al derecho internacional amparándose en las Naciones Unidas para iniciar la invasión; cuando se amparaban en los veredictos de los inspectores como coartada para la invasión; cuando buscaban el amparo en la Unión Europea pidiendo una segunda resolución de las Naciones Unidas para comenzar una invasión que llevaban preparando muchos años; cuando querían comprar el voto de los países miembros del consejo de Seguridad; cuando ofrecían millones de dólares a Turquía a cambio de utilizar su suelo para la invasión, o cuando proponían legalizar a 4,5 millones de mejicanos a cambio de que su presidente diera su voto a las tesis de EEUU.

Mentira cuando el presidente del gobierno de España ejercía de mensajero para doblegar la voluntad de presidentes de otras naciones, para ponerles del lado de la masacre, teniendo a todo su pueblo en contra, en el acto más vergonzoso y siniestro que pueda representar el presidente de una nación democrática. También nos engañaban cuando el Gobierno de España decía que siempre apoyaría la legalidad internacional y veíamos como la ministra de Asuntos Exteriores vendía nuestra patria en el consejo de las Naciones Unidas a favor de los intereses de los Estados Unidos. Mentira cuando decían que la intención era derrocar a la tiranía. Y mentira cuando, amparándose en la legitimidad de las urnas, han despreciado la abrumadora voluntad de paz del pueblo español, al querer hacerle cómplice de esta matanza. Y como las bombas de racimo, de fragmentación o como se llamen, infinidad de mentiras en forma de insultos, descalificaciones y difamaciones con las que desde distintos medios de comunicación afines al gobierno, así como los medios públicos que deberían ser nuestros, de todos, como reza su eslogan, se han dirigido a los ciudadanos de España, hombres y mujeres honrados, actores, cineastas, escritores, profesores, científicos, profesionales de todos los ámbitos, obreros y campesinos, que unidos como un solo hombre han decidido prestar su voz para gritar alto y claro, con la fuerza que otorga el derecho a luchar contra la muerte: No en nuestro nombre, dejando así claro que la responsabilidad de esta masacre tiene nombres y apellidos.

Cargue cada uno con su responsabilidad histórica, nosotros, con la de luchar por un mundo más humano, un planeta donde vivir en paz y libertad y ellos con la de encauzar los ríos de sangre para reconvertirlos en beneficios económicos tal y como prometió que ocurriría el hermano del presidente de los Estados Unidos. Ahora que los buitres se reparten el botín, recordemos que la reconstrucción del aeropuerto de Bagdad se adjudicó en presupuesto cerrado antes de que fuera destruido, mostrándonos sin pudor el gran negocio de la guerra. Una de las compañías que va a hacer el agosto con esta matanza se llama Carlyle Group algunos de cuyos principales beneficiarios son la familia Bush y la Familia Bin Laden.

En estos momentos de auténtica debacle y pornografía moral, tienen la desfachatez de tachar de multimillonarios a los que alzan la voz contra la guerra. Estos señores que nos mandan son una caja de sorpresas, no sólo están contra la guerra sino que también se proclaman enemigos del capital. Y dicen que duermen bien, que no tienen problemas de conciencia. Nosotros tenemos el sueño más ligero, señor presidente. Ganamos con nuestro trabajo todo lo que podemos, es cierto, pero no queremos que ni un solo céntimo de nuestros ingresos provenga de la masacre y el descuartizamiento criminal de hombres, mujeres y niños inocentes. También le diré, en nombre propio y en el de muchos de mis compañeros que, independientemente de nuestros ingresos, fuimos somos y seremos antifascistas.

Señor presidente, ayer, en Galicia, decía usted que no comprendía a las personas que se sentían conmovidas con la muerte de los niños iraquíes y no se conmovían con los niños muertos por las bombas de ETA. Yo le voy a explicar por qué estamos aquí hoy. Es muy sencillo comprenderlo, a nosotros nos conmueve tanto la muerte de los niños iraquíes como la de los niños españoles víctimas del terrorismo de ETA, porque cuando vemos la imagen de un niño muerto, no le miramos el pasaporte, entendemos que los niños iraquíes tiene el mismo derecho a la vida que nuestros propios hijos. Ahora entenderá usted la repulsión que nos causa esta guerra y los que la amparan.

Pero usted se niega a comprender a su pueblo y le da la espalda. Nadie podría sospechar que las palabras de Javier Bardem en la entrega de los Goya cuando dijo: Señor presidente, escuche a su pueblo", se convertirían en subversivas. Algo que a nosotros nos parece tan obvio, tan elemental. Como usted se niega a comprender, siempre nos pone del lado de Sadam cuando gritamos "No a la guerra".

No, señor presidente, nuestro aliado no es Sadam, ni Bush, ni Blair, ni tampoco usted, que en una pirueta de inimaginable cinismo se elige en víctima principal esta guerra, nuestro aliado es el pueblo que muere bajo las bombas de esta masacre absurda, cruel e injustificable. Ese es nuestro aliado. Por eso estamos hoy aquí, para defender la memoria de las víctimas inocentes de este genocidio. Estamos aquí para gritar una vez más: NO A SU GUERRA

Escrito por Alfonso Martín, 6 de Abril de 2003

TEXTO LEÍDO POR MARÍA Y BALTASAR GARZÓN EN EL CONCIERTO DEL DÍA 6

En estos días tristes de horror y de miseria en los que sólo hablan los partes de guerra, las bombas de racimo, los misiles de diseño, las atrocidades calculadas, las masacres anunciadas y en los que agoniza la esperanza, la pregunta es: ¿Dónde está la paz?

La paz está aquí, entre todos nosotros; entre todos los que la hemos gritado en decenas de manifestaciones; en las calles y en las casas; en el parlamento y en la universidad; en las fábricas y en la escena: en los medios de comunicación y en las instituciones.

Nadie nos va a callar, porque la revolución por la paz ha comenzado. Amordazar a un pueblo y secuestrar la libertad de expresión de sus ciudadanos es tanto como intentar acabar con él.

Frente a los que quieren que calle la voz y la palabra y que asistamos en forma cómplice a la destrucción y a las masacres que está sufriendo el pueblo iraquí; yo, y conmigo millones de personas decimos NO.

Por ello, hoy y aquí, quiero testimoniaros que permaneceré en mi decisión de no aceptar la guerra" de no resignarme ante ella. Todos, como dice Ernesto Sábato, debemos mantener encendida en el alma la llama de este dolor de la humanidad.

El no a la guerra se ha convertido en nuestro grito de paz frente a aquellos que, antes coma ahora, matan u ordenan matar por un poder sucio que, por su soberbia, se muestra insensible a los bombardeos, a los miles de muertos y de vidas destrozadas y más atento al reparto de los despojos que al dolor de los padres y de las madres que sostienen inertes los restos de sus hijos, en una imagen que les avergonzará para siempre.

Cuando alzamos la voz -como ahora- los que dirigen esta barbarie tratan de silenciarla diciendo que los ciudadanos carecen de sentido de Estado, que no conocen la realidad geopolítica, que no defienden los intereses de su país, que apoyan a Sadam, que no condenan la violencia o incluso que la patrocinan.

Pues bien, yo digo que estas afirmaciones son, no sólo cobardes sino mezquinas; dichas desde el más puro cinismo y llenas de una enorme intolerancia e insolidaridad pata con las víctimas del terror y de la guerra, que también lo son de Sadam pero no sólo ni ahora.

A todos ellos les pregunto como ciudadano de un país que se presume libre y democrático, ¿quién fija cueles son nuestros intereses?, ¿acaso en forma exclusiva los que nos dirigen? No, y mil veces no. El rumbo lo marca el pueblo y. este ha dictado sentencia mayoritaria y la misma es condenatoria para todos los que han participado en ésta macabra farsa.

Es el tiempo de la vergüenza para todos los que anteponen sus intereses particulares y de partido a los del ser humano. No hay excusa ni justificación para ninguno de ellos; o se está a favor o en contra de esta masacre, y, si es en contra, todos deben denunciarlo. El silencio no es una opción, ni ética, ni política, ni religiosa.

No hay ni pacto ni. consenso posible con quienes han auspiciado y propiciado esta barbarie, ni con los que la defienden; sólo la exigencia de responsabilidades por quien corresponda con el ámbito competente compensará la magnitud del mal causado a tantos inocentes. Y esto es incuestionable para, que ni la primera injusticia de la guerra ni la de todas las demás acciones que tratan de difuminar este nuevo atentado contra la humanidad, que desconoce los derechos de todas las víctimas, queden impunes.

Todos los que estamos aquí hemos hecho comunión con la idea de la paz y. por ello nos llaman despectivamente pacifistas. Pues bien, prefiero mil veces ser un pacifista que participar o consentir la destrucción de un país en aras a apoyar una idea del mundo no es la mía ni la de millones de personas, y que además, desconoce la legalidad internacional.

El edificio internacional de las Naciones Unidas, creado y desarrollado a través del Derecho está siendo destruido por miles de bombas y misiles lanzados por una decisión arbitraria y unilateral de quienes prescinden de todo tipo de norma o control y con el único limite de su voluntad. La Comunidad Internacional tiene la obligación de detener esta locura. Su inactividad actual es muy preocupante y, atisba una sumisión total al vencedor y. una nueva traición al pueblo.

La herida abierta es de tal gravedad que difícilmente podrá restañarse. Pero nos queda la esperanza de que, como decía Antonio Machado, "hoy es siempre todavía.". Y esa. esperanza sigue fuerte en nuestros corazones así como el coraje y las ganas de luchar por la paz, en solidaridad con los hombres y mujeres, ancianos y niños que sufren; y, nada ni nadie nos apartará de esta defensa, de esta Revolución por la Paz, contra la guerra y contra la impunidad. Este es nuestro compromiso.

Escrito por Alfonso Martín el 6 de Abril de 2003