DOCUMENTACIÓN

EL GOBIERNO DEL DOBLE RASERO

Reflexiones de Greenpeace sobre la carta de Aznar y otros 8 líderes europeos a favor de un ataque militar contra Irak

En la carta titulada "Estados Unidos y Europa deben permanecer unidos" que recientemente suscribieron Aznar y otros 8 Jefes de Estado europeos en apoyo a la posición de Estados Unidos sobre el ataque preventivo a Irak, estos líderes afirmaban que "nuestro objetivo es salvaguardar la paz mundial y la seguridad asegurando que este régimen [en referencia al iraquí] renuncia a sus armas de destrucción masiva". Desde Greenpeace preguntamos a Aznar y los demás firmantes: ¿por qué esta preocupación sólo con el régimen iraquí?

Greenpeace ha trabajado intensamente durante 30 años en todos los países, incluido Reino Unido y Estados Unidos, contra las armas de destrucción masiva. Pero un ataque militar preventivo contra países que posean éstas armas, o sean sospechosos de poseerlas, no proporciona una base sólida para un control real de este tipo de armamento. Hay países bien conocidos por disponer de armas nucleares sin ningún tipo de control internacional: India, Pakistán e Israel.

La Administración Bush afirma haber constatado que al menos 13 países están impulsando sus investigaciones en armas biológicas. ¿Piensan Bush y Blair atacar a todos ellos? ¿Piensa Aznar apoyarles en ese supuesto? Bush olvida incluir entre ellos al país con el mayor arsenal de todo tipo de armas de destrucción masiva: Estados Unidos.

Para acabar con las armas de destrucción masiva lo que se necesita es un sistema colectivo y efectivo de desarme y control internacional de armas. El marco para desarrollar este trabajo ya existe a través de organismos como la Conferencia de Desarme de Naciones Unidas en Ginebra, y tratados internacionales como el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), el Tratado para la Prohibición Total de las Pruebas Nucleares, el Convenio de Armas Biológicas y el Convenio de Armas Químicas.

Los críticos argumentarán que estos acuerdos internacionales son ineficaces, pero hay que pensar lo fuertes que serían estos tratados internacionales si tuvieran el apoyo activo y la participación real de Estados Unidos y los otros miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que son responsables colectivamente de la inmensa mayoría de los arsenales mundiales de armas de destrucción masiva.

Tomemos el ejemplo del TNP. Este es en realidad un contrato: los países firmantes que no poseen armas nucleares se comprometen a no adquirir o desarrollar estas armas, y los que signatarios que sí poseen armas nucleares se comprometen a eliminar las que tienen. Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China llevan tres décadas violando materialmente este compromiso.

Estados Unidos está desarrollando nuevas armas nucleares que podrían ser usadas preventivamente en un conflicto convencional. La Administración Bush ha declarado que mantendrá un arsenal de alrededor de 10.000 armas nucleares. En la Conferencia de la revisión del TNP del año 2000, los Estados Unidos (entonces bajo la Presidencia de Bill Clinton) y otros países firmantes acordaron 13 compromisos específicos sobre desarme, empezando por la finalización de las pruebas de armas nucleares. El año pasado, la Administración Bush declaró que no acataría esos compromisos.

Similar es la situación con respecto a las armas biológicas. En el 2001, el Gobierno de Estados Unidos vetó la adopción de un Protocolo del Convenio sobre Armas Biológicas, mediante el cual se hubiera establecido un régimen de verificación, pretextando que ello provocaría inspecciones intrusivas y amenazaría los intereses comerciales de su industria biotecnológica.

Se pueden poner más ejemplos de la política de unilateralismo que está llevando a cabo el Gobierno de George W. Bush: su rechazo al Protocolo de Kioto sobre Cambio Climático, al Tratado de Prohibición Total de las Minas Antipersonales, el bloqueo a la Cumbre de Johannesburgo sobre Desarrollo Sostenible, el rechazo al Tribunal Penal Internacional y al Tribunal Internacional sobre Crímenes de Guerra, su retirada unilateral del Tratado Antimisiles Balísticos (para poder poner en marcha su versión del programa "Guerra de las Galaxias")... entre otros.

Esta política unilateral y prepotente de la Administración Bush entraña graves riesgos para la seguridad global y para el medio ambiente además de para el mantenimiento de las libertades y derechos fundamentales de los individuos, cuyos recortes ya se han concretado en ciertos aspectos.

Denunciar estos hechos no significa en modo alguno negar que regímenes como el de Sadam Hussein no sean un problema real. Pero si Bush y Blair están sinceramente preocupados por las armas de destrucción masiva, Blair y Bush deberían dejar de basar su política en la más descarada hipocresía, y comprometerse en los procesos de control de armas, con la no proliferación de armas nucleares y biológicas, y con el desarme.

Y Aznar, si quiere ser coherente con su postura sobre Irak, debería por tanto exigir a Bush y a Blair que procedan a la eliminación de sus arsenales de armas de destrucción masiva, iniciativa que Aznar debería hacer extensiva a todos los países con este tipo de armamento, incluidos Reino Unido, Francia, Rusia y China.

Finalmente, está bien leer que los líderes europeos firmantes de esa carta abierta en apoyo de Bush valoran tanto el Imperio de la Ley. Pero, dado que un ataque preventivo contra Irak en ausencia de un ataque inminente por parte de éste ultimo es ilegal bajo las leyes internacionales, y más aún sin la aprobación expresa del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ¿están estos líderes preparados para manifestar públicamente que no participarán en una guerra ilegal?".

La opinión pública española, mayoritariamente en contra de la guerra, está esperando esa declaración por parte de Aznar.

Juan López de Uralde
Director Ejecutivo
Greenpeace España