DOCUMENTACIÓN

GREEPEACE SE OPONE A LA GUERRA
GREENPEACE NO TOMA PARTIDO POR NINGUNA DE LAS PARTES EN CONFLICTO
GREENPEACE TRABAJA EN PRO DE LA PAZ




DECLARACIÓN DE GREENPEACE SOBRE LA POSIBLE
GUERRA CON IRAK



Greenpeace se opone a la guerra en Irak y trabajará activamente para intentar evitar que tenga lugar.
Continuaremos oponiéndonos a ella, tanto si el ataque es aprobado por las Naciones Unidas como si no. Greenpeace se opone a la guerra porque:

*Tendría consecuencias devastadoras para el ser humano y el medio ambiente
La mayor parte de la infraestructura sanitaria y los servicios públicos de suministro de agua y energía en Irak; destruidos durante la última guerra del Golfo, aún no ha podido ser restablecida. Los víveres están casi en su totalidad racionados, lo que puede dar lugar a desórdenes en la población civil y al colapso administrativo.

Una guerra convencional (en la que no se utilice armas nucleares, químicas o biológicas), podría matar a más de un cuarto de millón de personas, civiles en su mayoría (de cada 10 víctimas en una guerra, 9 son civiles). En la última guerra del Golfo murieron 200.000 iraquíes. Las enfermedades por hambre y los disturbios sociales podrían matar a otros 250.000.

Si la guerra se intensificara hasta implicar ataques con armamento químico o nuclear (ésta última posibilidad ha sido planteada y admitida por Bush y Blair), las víctimas se podrían elevar hasta cuatro millones, y dejaría un legado de contaminación tóxica y nuclear con la que las próximas generaciones tendrían que enfrentarse.

*
Bush está intentando controlar las reservas de petróleo de Irak
Como ha dicho Nelson Mandela, un ataque a Irak estaría "claramente motivado por el deseo de George W. Bush de complacer a las industrias armamentística y del petróleo de Estados Unidos". Se sabe que las reservas de petróleo de Irak son las segundas en tamaño sólo después de las de Arabia Saudí. El jefe del Congreso Nacional Iraquí, grupo de la oposición a Sadam Husein que reúne a varios partidos, ha dicho que las "compañías americanas tendrán una buena posibilidad en el petróleo iraquí", si él termina gobernando Irak.

La compañía que más se beneficiaría del "cambio de régimen" en Irak, según analistas del banco Deutsche Bank, sería ExxonMobil (Esso en el Reino Unido); compañía que financió a candidatos republicanos en las últimas elecciones presidenciales norteamericanas, con la suma de más de 1,2 millones de dólares en el año 2000. ExxonMobil está también detrás del rechazo de Bush al Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático, y de hecho ha admitido que tiene gran interés en mantener a Estados Unidos dependiendo del petróleo. Por ello Greenpeace, junto con otros grupos, pide a todo el mundo que boicotee los productos de ExxonMobil/Esso.

El Gobierno británico ha anunciado recientemente, que una de sus cinco prioridades más importantes en política exterior, es asegurarse el acceso al suministro de energía. Aun así, Blair niega que un ataque a Irak tenga algo que ver con el petróleo.

*La guerra es una manera ineficaz de solucionar el problema de las armas de destrucción masiva
Greenpeace apoya completamente el desarme de Irak, como el de todas las naciones que poseen armas de destrucción masiva. Pero un ataque militar preventivo contra Estados que poseen o se cree que poseen armas de destrucción masiva, no ofrece una base estable para controlar o abolir este armamento. Esta manera de actuar requeriría repetidas intervenciones armadas contra numerosos países. Sería absurdo. Entre los estados que se sabe tienen armas nucleares sin ninguna forma de control internacional se encuentran: India, Pakistán e Israel; Corea del Norte está tratando abiertamente de adquirirlas. La Administración de Bush ha manifestado que al menos 13 países continúan con la investigación de armas biológicas. ¿Piensa también Bush, por su parte, atacar a cada uno de ellos?

Lo que hace falta es un sistema internacional compartido para el desarme y el control de armas. El marco existe ya, a través de organismos oficiales, como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarme, con sede en Ginebra, y tratados como el Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT: Nuclear Non-Proliferation Treaty), el Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares (CTBT, Comprehensive Test Ban Treaty), el convenio sobre la prohibición de armas biológicas y el convenio sobre la prohibición de armas químicas.

Pero en lugar de afianzar este delicado marco, la hipocresía de los Estados con armas nucleares, y en particular la actuación de la Administración de Bush, está debilitándolo seriamente. Si Bush y Blair están verdaderamente preocupados por las armas de destrucción masiva, deberían volver a comprometerse ellos mismos con el proceso de control de armas, con la no-proliferación de armas nucleares y con el desarme.


Cinco pasos para eliminar del mundo las armas de destrucción masiva
y crear una verdadera seguridad

1. Puesta en práctica y consolidación plena del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (NPT)
Esto significaría que los países que no son firmantes (entre otros, India, Paquistán, Israel, que poseen armas nucleares) lo suscribieran, y también que los Estados con armas nucleares cumplieran de acuerdo a sus obligaciones. El NPT es un contrato: los países firmantes sin armas nucleares prometen no adquirir armas nucleares, y los firmantes con armas nucleares prometen negociar para deshacerle de aquellas que poseen. Los países oficialmente incluidos en el "club nuclear" (Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Rusia y China) llevan más de 30 años violando de manera flagrante esta cláusula de derecho internacional.

Desde que Bush tomó posesión de su cargo, Estados Unidos ha estado desarrollando nuevas armas nucleares para ser usadas preventivamente incluso en conflictos convencionales. Estados Unidos se ha comprometido a retener un arsenal de alrededor de diez mil armas nucleares. En la conferencia de revisión sobre el NPT en 2000, Estados Unidos (entonces bajo la Presidencia de Bill Clinton) y otros firmantes acordaron 13 compromisos específicos sobre desarme nuclear, para avanzar hacia la puesta en práctica del NPT, empezando por poner fin a las pruebas de armas nucleares. El pasado año, la Administración de Bush dijo que no acataría esos compromisos.

2. Abandono progresivo pero urgente de la energía nuclear "civil"
Los Estados que tratan de hacerse con armas nucleares lo hacen a través de programas de energía nuclear civil. Esto permite conseguir el material nuclear y también eludir las investigaciones de los inspectores, ya que muchos materiales son supuestamente de "doble uso" (es decir civil y/o militar).
Cualquier material radioactivo, y no sólo los residuos de alta actividad, que permanecen peligrosamente radioactivos durante cientos de miles de años, sino también los de baja y media actividad, se convierten en ingredientes para una "bomba sucia" (una bomba con explosivo convencional rodeado de material radiactivo). Es una locura permitir que la industria nuclear continúe creando material radioactivo.

3. Reducir el riesgo de material nuclear existente
Desgraciadamente, la construcción irresponsable de centrales nucleares y la producción de armas nucleares en las cinco últimas décadas ha dejado al mundo un peligroso legado de material nuclear. La situación al respecto en los Estados de la antigua Unión Soviética es sin duda la más desastrosa. La comunidad internacional debería pagar para hacer que el legado nuclear soviético sea menos inseguro. Eso costaría una mínima parte del costo de la guerra en Irak y contribuiría mucho más a prevenir la expansión de armas nucleares. A pesar de ello, la Administración de Bush ha recortado radicalmente los fondos para programas que salvaguardan los materiales nucleares en los países de la antigua Unión Soviética.

La opción menos sensata para tratar los residuos nucleares es reprocesarlos. El reprocesamiento es un proceso en el que a partir de los residuos generados en los reactores nucleares, mediante un complejo tratamiento químico muy contaminante y costoso, se logra separar el uranio y el plutonio que hay en esos residuos. De esta forma, se obtiene plutonio, material que no existe en la Naturaleza y que es utilizable para la fabricación de armas atómicas. Sin embargo, de esta manera, ya separado, resulta de más fácil acceso para ser utilizado en armas atómicas.

Por su contribución a la proliferación nuclear, su elevado coste medioambiental y de salud, y su constatado fracaso económico, el reprocesamiento debe pararse inmediatamente.

4. Consolidar las Convenciones sobre la prohibición de armas químicas y biológicas
En lugar de consolidarlas, la Administración de Bush está debilitándolas. En 2001, el Gobierno de Estados Unidos vetó la adopción de un Protocolo del Convenio sobre Armas Biológicas, mediante el cual se hubiera establecido un régimen de verificación; el pretexto fue que dicho régimen provocaría inspecciones intrusivas y amenazaría los intereses comerciales de su industria biotecnológica.

5. Acabar con la dependencia de los combustibles fósiles y la energía nuclear, desarrollando un modelo energético sostenible basado en la eficiencia energética y las energías renovable
La dependencia económica mundial en combustibles fósiles, y, en particular en el petróleo, distorsiona las relaciones internacionales y agudiza los conflictos. Se deben eliminar progresivamente los combustibles fósiles, no sólo por razones de seguridad, sino también para proteger el clima del planeta. No necesitamos energía nuclear para reemplazar a los combustibles fósiles. La energía nuclear, además de ser un fracaso económico, tecnológico, medioambiental y social, no tendría en ningún caso un papel relevante en la solución del problema del cambio climático.

Con voluntad política que ponga los medios y herramientas necesarios para aprovechar el enorme potencial del ahorro y la eficiencia energética y de las energías renovables, se podría proporcionar toda la energía que necesitamos. No sólo para electricidad, sino también energía para la industria, la calefacción y el transporte.

Sin embargo, los ataques militares que alegan ser "quirúrgicos", no solucionarán los asuntos a los que nuestro planeta tiene que enfrentarse en el siglo XXI. La verdadera seguridad no se construirá con poder militar. Depende de cómo se traten de resolver las causas del conflicto: pobreza, imposibilidad de acceder a recursos escasos, competencia por estos recursos, injusticia.
Greenpeace no tiene la experiencia en todas estas materias, pero estamos contribuyendo a través de nuestro trabajo a promocionar seguridad energética (desarrollando energías renovables a las que todos los países puedan acceder, fomentando la cultura del ahorro y la eficiencia energética), y alimentos seguros (desarrollando una agricultura sostenible en lugar de una agricultura con productos químicos intensivos y modificada genéticamente, así como con nuestras campañas para consolidar los tratados internacionales sobre el desarme.

Dichas medidas no son alternativas a la seguridad nacional: son su única esperanza.