Antes de elegir el pescado conviene invertir algo de tiempo observando la etiqueta que lo identifica. La ley obliga a que el formato de las etiquetas sea estándar y debemos familiarizarnos con ellas. Es fundamental que nos fijemos en:

   


EL NOMBRE: Dato fundamental para que no nos den “gato por liebre”. Además del nombre común, debe figurar el nombre científico formado por dos palabras en latín. Es importante que figure el nombre latino para evitar confusiones, ya que existen especies distintas con el mismo nombre vulgar.



..


EL ORIGEN: La etiqueta debe indicar el lugar de procedencia, es decir, la zona de pesca o, si se trata de un producto de la acuicultura, el país donde se ha criado en sus últimas fases. El consumidor puede inclinarse por el pescado capturado más cerca del lugar donde lo compra -en nuestro caso el Atlántico Nordeste y el Mar Mediterráneo-, opción más ecológica. Además, también puede permitir relacionar el pescado con el estado de algunos caladeros, y, si estos están sobreexplotados, rechazar tales productos o al menos disminuir su consumo.


   

EL MÉTODO DE PRODUCCIÓN: Sólo permite distinguir el pescado que ha sido capturado viviendo libre en el mar –PESCA EXTRACTIVA O PESCADO– de los peces cultivados o criados en granjas –ACUICULTURA O CRIADO– o de los productos procedentes del marisqueo –MARISQUEO–.